"Él al otro lado de ella. Codo, brazo. Él. La lu-luz de la luciérnaga está centelleando, amor. Razonamiento. Dedos. Pregunta. Contestación. Sí."

Ulises,

James Joyce.

"

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos
donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que
dormían en la lluvia.


No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que
viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven
en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio,
esa sonrisa.


Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre en
una galería de museo.


Además te quiero, y hace tiempo y frío.

"

Poema

Último Round, Julio Cortázar.

"La amo como al ocaso o a la luz de la luna, con el deseo de que ese instante permanezca, pero sin que sea mío en él nada más que la sensación de haberlo vivido."

Fernando Pessoa.

"Oh noche donde las estrellas fingen su luz, única cosa del tamaño del Universo, vuélveme, en cuerpo y alma, parte de tu cuerpo, que yo pueda perderme en ser pura tiniebla y me haga también noche, sin sueños que en mí sean estrellas, ni sol esperando que desde el futuro me ilumine."

Libro del Desasosiego,

Fernando Pessoa.

"

Sentí hoy, de repente, una sensación absurda y justa. Me di cuanta, en un íntimo relámpago, de que no soy nadie. Nadie, absolutamente nadie. Cuando brilló el relámpago, aquello que yo suponía una ciudad era una planicie desierta; y la luz siniestra que a mí mismo me evidenció no reveló cielo alguno por encima de mi. Me robaron el poder ser antes de que el mundo fuera. Si hube de reencarnar, reencarné sin mi mismo, sin yo haber reencarnado.

Soy los alrededores de una ciudad inexistente, el prolijo comentario a un libro que nunca se escribió. No soy nadie, nadie. No sé sentir, no sé pensar, no sé querer. Soy una figura de novela aún no escrita, existiendo entre los sueños de quien no supo contemplarme.

Siempre estoy pensando, siempre estoy sintiendo; pero mi pensamiento no encierra raciocinios, mi emoción no contiene emociones. Estoy cayendo, desde la trampa aquella en las alturas, a través del espacio infinito, en una caída sin dirección, infinita y vacía. Mi alma es un maelstrom negro, vértigo inmenso entorno a un gran vació, movimiento de un infinito océano alrededor de un vació agujero, y en las aguas que más que aguas son un puro girar, flotan todas las imágenes de lo que vi y oí en el mundo, arrastran casas, caras, libros, cajones, rastros de música y silabas de voces, en un remolino siniestro y sin fondo.

Yo, realmente yo, soy el centro que no hay en todo esto sino como una geometría del abismo; soy la nada en torno a la cual gira este movimiento sólo por girar, sin que ese centro exista por otra razón que sea la de que todo circulo lo tiene. Yo, verdaderamente yo, soy el pozo sin paredes, pero con la viscosidad de las paredes, el centro de todo con la nada en torno.

Y es, en mi, como si el propio infierno se riera, sin tansiquiera la humanidad de unos diablos riendolo, la locura graznada del universo muerto, el cadáver rodador del espacio físico de todos los mundos oscilando negro en el viento, disforme, anacrónico, sin un Dios que los hubiera creado, sin él mismo que rodando sigue en las tinieblas de las tinieblas, imposible, único, total.

¡Poder saber pensar! ¡Poder saber sentir!

"

Libro del Desasosiego,

Fernando Pessoa.

Carta I

No es que no pueda dormir, es que no consigo ignorarme. Esa era otra de esas noches de desasosiego autogenerado. Tan perdido malgastando mi mente pensando en la nada; la vida se me iba desperdiciando aire, un aire que yo no quiero, un aire que yo no elegí; pero aun así me vi obligado a consumirlo, a gastarlo como a mi cuerpo; a perderme con él en laberintos de menos de un metro. 

Muchas veces no es tan fácil poder decretar cuales son las inconsistencias que me llevaban a querer generar un buen relato sobre mi situación actual, he incluso odiaba no poder expresarlo lo más claramente posible. Una parte de mi se aferraba a no revelarse como lo que es; algo pequeño envuelto de miedos. Yo no elegí respirar este aire.

Era gracioso querer forzarme a escribir algo, no podía generar nada bueno a respectiva hora de la noche, en un respectivo lugar de mi habitación; incluso no estoy seguro de que mi vida en general pueda generar alguno bueno. Solo muerdo mis labios y sigo existiendo –decir que vivo seria una hipocresía.

Ahora me duelen los brazos. Esta cama, estas ropas, este aire, nada me pertenece. Ni caminar por las calles, las mismas calles cada día me da un poco de sosiego. Nada equilibra la balanza de mi ominoso futuro, un futuro tan presente como esta noche. Tan clara como el papel donde escribo esto. No hay luz donde me encuentro, la hubo en algún momento; cuando creía que existía claridad era feliz. Ahora sierro los ojos, ahora intento dormir.

-Paciente 16, L. A.