La mayoría de los hombres vive con espontaneidad una vida ficticia y ajena. “La mayoría de las personas son otras personas” dijo Oscar Wilde, y que razón tenia. Unos gastan su vida persiguiendo alguna cosa que no quieren; otros la emplean en la búsqueda de lo que quieren y no les sirve; otros más se pierden …
Pero la mayoría es feliz y goza de la vida sin darle la menor importancia. En general, el hombre llora poco, y, cuando se queja, es su literatura. El pesimismo tiene poca viabilidad como formula democrática. Los que lloran los males del mundo quedan aislados -no lloran sino su propio mundo.
Ajena a todo esto, y llorando sólo lo justo y el menor tiempo posible -cuando se le muere el hijo que acabará olvidando a lo largo de los años, excepto en los aniversarios; cuando pierde dinero y llora hasta que encuentra más o se adapta a la situación de pérdida- la humanidad continua dirigiendo y amando.
La vitalidad recupera y reanima. Los muertos quedan enterrados. Las pérdidas perdidas quedan.
"Libro del Desasosiego,
Fernando Pessoa.