El pabellón n° 6,
Antón Chéjov.
Los Anteojos,
Edgar Allan Poe.
Almas Muertas,
Nikolái Gógol.
Historia Anónima,
Antón Chéjov.

Fernando Pessoa,
Libro del Desasosiego.
No creo mucho en la felicidad de los animales, salvo cuando me apetece hablar de ella para que sirva de marco a un sentimiento que su suposición ponga de relieve. Para ser feliz es preciso saber que se es feliz. No existe felicidad en dormir sin sueños, sino solo en despertarse sabiendo que se durmió sin ellos. La felicidad queda fuera de la felicidad.
No existe felicidad si no es con conocimiento. Pero el conocimiento de la felicidad es infeliz; porque conocerse feliz es conocerse pasando a través de la felicidad y teniendo enseguida que dejarla atrás. Conocer es matar, tanto en la felicidad como en todo lo demás. No conocer, sin embargo, es no existir.
Sólo lo absoluto de Hegel consiguio, en libro, ser dos cosas al mismo tiempo. El no ser y el ser no se funden y confunden en las sensaciones y las razones de la vida: se excluyen, por una síntesis al revés.
¿Qué hacer? Aislar el instante como una cosa y ser feliz ahora, en el momento en que se está sintiendo la felicidad, sin pensar nada mas que en lo que se siente, excluyendo todo lo demas, excluyendo todo. Enjaular el pesnamiento en la sensacion, ….
Este es mi credo esta tarde. Mañana por la mañana ya no será este, porque mañana por la mañana yo seré ya otro. ¿Qué creyente seré mañana yo? No lo sé, porque seria preciso estar allí para saberlo. Ni el Dios eterno en que hoy creo lo sabrá mañana ni lo sabe hoy, porque hoy soy yo y mañana él quizás ya no haya existido nunca.
Fernando Pessoa, Libro del Desasosiego.
Me irrita la felicidad de todos estos hombre que no saben que son infelices. Su vida humana está llena de todo aquello que constituiría una serie de angustias para una verdadera sensibilidad. Pero, como su verdadera vida es vegetativa, lo que sufren pasa a través de ellos sin rozarles el alma, y viven una vida que sólo puede compararse a la de un hombre con dolor de muelas que hubiese recibido una fortuna -la autentica fortuna de estar viviendo sin darle importancia, el mayor don que los dioses conceden, porque es el don de hacerlo semejante a ellos, superior como ellos (aunque de otra manera) a la alegría y al dolor.
Por eso, a pesar de todo, los amos a todo. ¡Queridos vegetales míos!
"Libro del Desasosiego,
Fernando Pessoa.