"Hace mucho -no sé si días, si meses- que no registro ninguna impresión; no pienso, y por tanto no existo. Vivo olvidado de quien soy; no sé escribir porque no sé ser. Por un adormecimiento oblicuo, he sido otro. Saber que no me acuerdo es despertar."
"¿Entonces, por que escribo? Porque, predicador como soy de la renuncia, no aprendí todavía a llevarla a cabo plenamente. No aprendí a abdicar de la tendencia al verso y a la prosa. Tengo que escribir como si cumpliera un castigo. Y no hay mayor castigo que el de saber que lo que escribo resulta enteramente fútil, fallido e incierto."