"Pidiome, con un suspiro, que reconsiderara mi propuesta, y agrego que mi amor era un capricho, un fuego fatuo, una fantasía del momento, un castillo en el aire del entusiasmo mas que del corazón."

Los Anteojos,

Edgar Allan Poe.

"Si algún hombre se volcó loco por exceso de felicidad, ese fui yo en aquel momento. Amaba. Era mi primer amor y lo sentía así. Era un amor supremo, indescriptible. Era “amor a primera vista”, y también a primera vista había sido apreciado y correspondido."

Los Anteojos,

Edgar Allan Poe.

"Vi… sentí… supuse que estaba profunda, loca, irrevocablemente enamorado…"

Los Anteojos,

Edgar Allan Poe.

"Él al otro lado de ella. Codo, brazo. Él. La lu-luz de la luciérnaga está centelleando, amor. Razonamiento. Dedos. Pregunta. Contestación. Sí."

Ulises,

James Joyce.

"

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores blanquísimos
donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que
dormían en la lluvia.


No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que
viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven
en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio,
esa sonrisa.


Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre en
una galería de museo.


Además te quiero, y hace tiempo y frío.

"

Poema

Último Round, Julio Cortázar.

"Después de haber amado a un loro, me tenia que acostar con una serpiente. Por lo tanto me fui a otra parte a buscar el amor que prometían los libros y que nunca había podido encontrar en la vida."

La Caída, Albert Camus.

"En todo caso sentía un sufrimiento sordo, una especie de privación que me dejaba más disponible y me permitió, a medias obligado, a medias curioso, llegar a algunos compromisos. Al tener necesidad de amar y de ser amado, creía estar enamorado. Dicho de otro modo, hice le tonto."

La Caída, Albert Camus.

"He tenido numeroso falsos arrebatos de valentía, he tenido demasiadas noches para practicar la melancolía con que pronunciaría las últimas palabras; palabras sucias, que se descomponen agónicas y se derraman sin presura por entre la comisura de mis labios. Ya no hay día en que no se me amontone en la garganta el aire gastado de la palabra detenida, de la voz que no pasa de mis labios y se pierde cautiva entre mi estomago y el corazón. Te extraño, vivo del patético recuerdo, te extraña mi patético amor; y te extraño de nuevo, te pierdo, te reconstruyo, te armo y te desarmo, me golpeo y me atormento; te secuestran mis ojos cerrados para retenerte lo suficiente en el velo del sueño. Sueño terrible, sueño excesivo. Sentimiento indómito que no me deja vivir, pues te extraño las trescientos sesenta y cinco horas del día, y eso me hace daño."

"La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y con él, el rostro acongojado de su amor."

Albert Camus / La Peste

"El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombre son más bien buenos que malos, y, a decir verdad, no es esta la cuestión. Sólo que ignoran más o menos, y a esto se lo llama virtud o vicio, ya que el vicio mas desgraciado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo y se autoriza entonces a matar. El alma del que mata es ciega y no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible."

Albert Camus / La Peste

Te ofrezco.

Te ofrezco mi cuerpo para que lo destroces —para que tus manos me flagelen, para que tu uñas me desgarren—; para que hagas con él lo que quieras.

Te ofrezco mi alma para que la mires y le escupas, para que te burles de ella, para que la sostengas entre tus manos y la subyugues sin arrepentimientos.

Te ofrezco la oportunidad de vengarte, de ser yo el mártir que gozoso aceptara todos tus golpes, todo tu amor.

Te ofrezco la dulce certeza de que estaré ahí, listo para tus mordidas, listo para tu odio, listo para tu amor agrio, para tu corazón con heridas. Listo para qué  entro los golpes y la sangre —mi sangre—, mis torpes manos te acaricien, te retengan y te seduzcan a que continúes.

Te ofrezco la necesidad de que continúes con ello,  de que te guste lo que haces conmigo pues a mí no me importa. Me importa más que lo hagas, que te desembaraces de tu ira y de tu sufrir. Me importa más que me ames y que me ames con violencia. Que no seamos mero sentimentalismo y me apuñales lento. Que me torture tu cariño, que me mate tu amor. Te ofrezco mi vida si es necesario; pero no la daré por ti pues prefiero que tú me la quites.

…Pero no puedo.

Quiero quererla querer; pero no puedo. No la amo. Amo sus lágrimas que son tan profundas, por que vienen de muy adentro de ella, un lugar que yo no puedo alcanzar. Amo su sensibilidad porque yo no puedo ser así. Soy un ínfimo ser; soy la fuerza del pesimista. Amo que sea tan frágil; pues yo soy tosco, soy duro. Estoy cubierto de mugre, de polvo y de lamentos.

Pero no la amo. Aislado y trémulo palpita el acorazado motor que me hace caminar solo para verla, para perderme. Para ahogarme de ella; para matarme de tanto vivir.  Amo que no me quiera pues yo tampoco la puedo querer.

-Luis Aguiñaga.

El amor por el abismo.

Sus ojos era lo que más me preocupaba, pues nunca me miraron en aquel instante, ni siquiera podría decir que miraban algo; solo estaban ahí, suspendidos, arrojados a la nada como si buscaran algo sabiendo ella que moriría hasta dar al fin con él.

-Empiezo a creer que los dos son unos hipócritas.- dije una vez que ella termino de hablar, después de haberla observado todo ese instante eterno en el que se confesaba, y recordaba con tristeza.

Su semblante cambio a una expresión de sorpresa, y sus ojos volvieron a mirarme.

-¿Por qué dices eso?- pregunto desconcertada, triste porque después de todo lo que me había contado, toda la marea de tristeza por la que me vi nadando para recoger y entregarle los pocos pedazos de la felicidad que aún le quedaban -pedazos que para ella era imposible divisar entre ese velo que tenia pegado, esa mancha de petróleo que cubría sus ojos- lo que yo le preguntaba se enterraba en ella como una traición. Pues le decía que era una hipócrita, que todas su suplicas, que toda su agonía, su tormento, su tristeza, eran falsos.

-No lo sabes, lo peor es que no lo sabes.-

Y era verdad, ella no lo sabía. No podía entender, no podía explicarme cómo es que se torturaba, como es que vivía esperanzada y dependiente de un viejo amor. Pues se aferraba a las podridas ramas de lo que fue su vida con él.

Y es aquí donde yo también caigo en un error. Pues su vida con el aun no termina. Aun le duele, aun se ven, aun se besan hipócritamente después de las heridas, después del descontento, después de todo lo malo. Siguen jugando a que se quieren.

Tengo que detenerme en este punto; aquí donde no he explicado nada y sé que nada entenderé. Pues su vida es un caos;  al igual que la mía, me es imposible dar explicaciones sobre las piedras con las que me gusta tropezar. Tanto mi vida como su relación es un abismo, es una perdida, es una falta de lucidez. Puesto que ya me he acostumbrado a mi abismo, solo en el me siento protegido. Conozco sus pantanos, conozco su peste. Me siento tranquilo vagando en la niebla que lo rodea. Y cuando me acerco al  abismo que ellos generaron, me siento aterrado, desprotegido, temeroso porque nada conozco. Pero a ellos no les importa vivir ahí, pues se han acostumbrado a él; lo quieren pues lo vieron nacer como yo al mío.

Ahí viven ellos, ahí se quieren, ahí se odian y se aman. Se toman de las manos y hacen el amor rodeados de tanta niebla; se aman en su lodo precario, ríen y lloran, recuerdan y mueren, y yo, muero con ellos.

-Luis Aguiñaga.

"El amor quiere poseer , quiere convertir en suyo lo que tiene que quedar fuera para que él sepa que se convierte en suyo y no lo es. Amar es entregarse. Cuanto mayor se entrega, mayor el amor. Pero la entrega total entrega también la conciencia del otro. El amor mayor es por ello la muerte, o el olvido, o la renuncia -todos los amores que son las versiones del amor."

El Rió de la Posesión/Libro del Desasosiego,

Fernando Pessoa.

"Puedo amarte y también adorarte porque mi amor no te posee y mi adoración no te rechaza."

Fernando Pessoa.