Las trescientos sesenta y cinco horas del día.

He tenido numeroso falsos arrebatos de valentía, he tenido demasiadas noches para practicar la melancolía con que pronunciaría las últimas palabras; palabras sucias, que se descomponen agónicas y se derraman sin presura  por entre la comisura de mis labios. Ya no hay día en que no se me amontone en la garganta el aire gastado de la palabra detenida, de la voz que no pasa de mi labios y se pierde cautiva entre mi estomago y el corazón. Te extraño, vivo del patético recuerdo, te extraña mi patético amor; y te extraño de nuevo, te pierdo, te reconstruyo, te armo y te desarmo, me golpeo y me atormento; te secuestran mis ojos cerrados para retenerte lo suficiente en el velo del sueño. Sueño terrible, sueño excesivo. Sentimiento indómito que no me deja vivir, pues te extraño las trescientos sesenta y cinco horas del día, y eso me hace daño.

Este mes cumplo veinte años. No se si tenga que tomarlo como algo importante o algo por lo cual tenga que estar emocionado; pero supongo que después de dos décadas ocupando conciencia y espacio en este mundo, quizás debo intentar quitarme durante algunos momentos las ropas de mi desasosiego.

Pero en este momento solo lacanzo a vislumbrar en las orillas de  mi conciencia este poema de Borges:

"He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado”

La Belle Époque.

La bella época, ¿dónde ha quedado?, quizás muy profunda se ahoga sin temor en el abismo que rodea a las cosas, los complejos espacio que se apoderan de la voluntad de los objetos.

Todo abismo se ve en la necesidad de demostrar su poder como bestia del olvido, por eso devora la voluntad de las cosas, las seduce, las precipita a la caída inconsciente –palpita–,  esa caída, ese descenso hondo en un lodo precario, simple; cual fosa negra, cual compañera del olvido – ¿qué palpita?.

De aquel fondo logra salvarse un recuerdo, y llega hasta mi, hasta mis ojos la imagen de el hombre que se ha perdido y consigo a sus semejantes;  ha perdido a sus compañeros, los  alejo como se alejo el de la vida, pues el contacto con ellos era el desasosiego para consigo. Ni la trémula caminata, grave y eterna, le permitía desligarse del matiz carmesí adherido a sus labios, sujeto a su alma enamorada – ¿palpita mi corazón? – pues ahora, no muy lejos de ahí, cerca del lugar donde me encuentro –más cerca del olvido que de mi cabeza– se adhiere un penoso y solitario instante, se hace mito ese momento, se vanagloria el abismo quitándose su máscara de ceniza pues ahora yo pierdo ese momento, me olvido de ese lugar –no me percato de que comparto una senda– pues me doy cuenta por un ínfimo instante que estoy rodeando un abismo, y de pronto el me habla y yo le devuelvo una sonrisa, como quien saluda a un viejo compañero de juegos –se detiene mi corazón.

-Luis Aguiñaga.

El error es suponer útil para mi alma el verte

Debería Hacer Más Frío.

El Sentido Del Querer.

No hay mucho que decir.

http://pfsoto.wordpress.com/

El Sentido Del Querer.

I

He perdido toda visión a paso seguro  queriendo despojarme de estas páginas demasiado leídas. Me veo forzado a desgarrar mi carne por palabras, me veo en la necesidad de disolver mi alma en busca de sentidos, de puertas, de ventanas;  de páginas plasmadas en olvido con el fin único de comprender –sin querer ser comprendido- las ínfimas partes de las que se constituye el sentimiento del querer. Del verdadero poder por el cual las noches se han vuelto tan duras, tan oscuras, tan solitarias.

Incluso ahora veo ya estas páginas perdidas, las veo disueltas, las veo olvidadas.

Como las he escrito ya no me pertenecen,  las he expulsado de mí, las he escrito, se las he escrito al mundo. Al liberarlas de mi cuerpo las he perdido, ya no me pertenecen. No puedo hacer nada por ellas. A cada pulsación sobre esta máquina me deshago de ellas, las excreto de forma violenta, me desembarazo de su forma, las toco por última vez y las dejo morir asfixiadas de temor por un mundo nuevo. Le temen a la vida como yo les temo a ellas. Por eso las libero, las dejo a la deriva. Las olvido.

Y me olvido de ellas y de la gente, me precipito involuntariamente como el espectador de mi vida que soy  -me alejo de este calor de mayo, voy a una montaña a rodar mi piedra- me olvido del aire y de su rudimentario sabor, sabor a ti; me olvido de los símbolos terribles, me olvido de habitar a la puerta de tus caricias.

II

No soporto cuando las personas dicen: “por el amor de dios”, no lo soporto, no lo entiendo. La idea de la existencia de un Dios amoroso seria nuestro peor mal.

"No encontrare calma por sobre tus impetuosas palabras, palabras que hieren y se filtran profundas, incrustadas en el corazón."

Hola.

El inicio de otro laberinto. (Taken with picplz.) 

"No soy una fuente de información, ni siquiera una distracción, soy otra cosa; soy como un bache que se ve y se pasa de largo con el mas ínfimo esfuerzo."

Mis seis últimos twitts.

1.-Me encanto el comentario de Juan Gabriel Vásquez sobre “La Verdad Sobre el Caso del Señor Valdemar” :3 

2.-Me acorde de un vídeo donde Alberto Laiseca se avienta este cuento. En lo personal, es maravillosa la forma en que lo relata.

3.- La Verdad Sobre el Caso del Señor Valdemar.

4.- Aquí el vídeo de Alberto Laiseca relatando “La verdad sobre el caso del señor Valdemar” :3 http://www.youtube.com/watch?v=94cVEt_Kxgc&feature=youtu.be

5- Amo la forma de Alberto Laiseca de relatar una historia, cuanto, o lo que pinche madre quiera!! <3

P.D. 6.- Pues hace rato llore leyendo “El Gato Negro” y no ando chingando al prójimo :)

"Ya no puedo palpar tu alma, se ha perdido entre falsos días. Ya no aparezco en tus retratos, me es ajeno tu corazón. No me arrojare al abismo de tus ojos, no me tatuare tus lamios en los míos, no dejare pedazo de mí ser anclado a tu recuerdo. He de morir al instante, enmascarado de sosiego. Mi nombre es olvido, mi hogar fue tu corazón."

Carta I

No es que no pueda dormir, es que no consigo ignorarme. Esa era otra de esas noches de desasosiego autogenerado. Tan perdido malgastando mi mente pensando en la nada; la vida se me iba desperdiciando aire, un aire que yo no quiero, un aire que yo no elegí; pero aun así me vi obligado a consumirlo, a gastarlo como a mi cuerpo; a perderme con él en laberintos de menos de un metro. 

Muchas veces no es tan fácil poder decretar cuales son las inconsistencias que me llevaban a querer generar un buen relato sobre mi situación actual, he incluso odiaba no poder expresarlo lo más claramente posible. Una parte de mi se aferraba a no revelarse como lo que es; algo pequeño envuelto de miedos. Yo no elegí respirar este aire.

Era gracioso querer forzarme a escribir algo, no podía generar nada bueno a respectiva hora de la noche, en un respectivo lugar de mi habitación; incluso no estoy seguro de que mi vida en general pueda generar alguno bueno. Solo muerdo mis labios y sigo existiendo –decir que vivo seria una hipocresía.

Ahora me duelen los brazos. Esta cama, estas ropas, este aire, nada me pertenece. Ni caminar por las calles, las mismas calles cada día me da un poco de sosiego. Nada equilibra la balanza de mi ominoso futuro, un futuro tan presente como esta noche. Tan clara como el papel donde escribo esto. No hay luz donde me encuentro, la hubo en algún momento; cuando creía que existía claridad era feliz. Ahora sierro los ojos, ahora intento dormir.

-Paciente 16, L. A.