“Cada instante aparece para traer los siguientes. Me aferro a cada instante con toda el alma; se que es único, irreemplazable, y sin embargo no movería un dedo para impedir su aniquilación. […] Me inclino sobre cada segundo, trato de agotarlo; no dejo nada sin captar, sin fijar para siempre en mi, ni la ternura fugitiva de esos hermosos ojos, ni los ruidos de la calle, las falsa claridad del alba; y sin embargo, el minuto trascurre y no lo retengo; me gusta que pase”
Sonreía. Primero perdí el recuerdo de sus ojos, luego el de su largo cuerpo. Retuve lo mas que pude su sonrisa, y hace tres años que también la perdí. Hace un rato, bruscamente, cuando recibí la carta de manos de la patrona, volvió; creí ver a Anny sonriendo. Aun trato de recordarla; necesito sentir toda la ternura que Anny me inspira; esa ternura está ahí, muy cerca; lo único que pide es nacer. Pero la sonrisa no vuelve: se acabo. Permanezco vacio y seco.